
Febrero, conocido como el mes de los enamorados por San Valentín, suele ser un momento en el que muchas parejas hablan de futuro y de nuevos proyectos en común. Entre ellos, comprar una vivienda representa estabilidad, planes de vida y la ilusión de construir un hogar compartido. Pero también es una de las decisiones económicas más importantes que tomaréis juntos.
A menudo, la búsqueda se centra en metros cuadrados, ubicación o precio, pero hay aspectos menos visibles que pueden marcar la diferencia entre una buena experiencia y una fuente de estrés. Antes de firmar nada, merece la pena detenerse y hablar con calma. No se trata de desconfiar, sino de construir un proyecto común con bases sólidas
Hablar del futuro real, no solo del ideal
Muchas parejas imaginan su futuro en esa casa, pero pocas conversan en profundidad sobre cómo puede cambiar su vida en los próximos años. ¿Queréis hijos? ¿Teletrabajaréis? ¿Existe la posibilidad de un traslado laboral? ¿Es vuestra vivienda para muchos años o un paso intermedio?
No solo importa cuánto gana cada uno, sino cómo entiende el dinero. Hay personas ahorradoras, otras más orientadas a disfrutar el presente, otras que priorizan invertir. Ninguna postura es mejor que otra, pero sí es importante conocerlas.
Pensar en valor de reventa (aunque no queráis vender)
Cuando se compra con ilusión, cuesta imaginar una futura venta. Pero la vida cambia. Por eso conviene valorar si la vivienda está en una zona con demanda, buena comunicación o servicios cercanos. Una casa fácil de vender o alquilar protege vuestro patrimonio. Comprar bien hoy es mantener opciones abiertas mañana.
Aclarar la parte legal y de propiedad
Es la fórmula de compra al 50% es la más común cuando ambos aportan cantidades similares y comparten la hipoteca. Es sencilla y funciona bien cuando la aportación económica y la responsabilidad financiera están equilibradas. Pero no siempre refleja la realidad de todas las parejas.
Si uno aporta más dinero para la entrada o asume mayor parte de la hipoteca, puede establecerse un reparto distinto (por ejemplo 70%-30%).
Esto permite que la propiedad refleje la inversión real de cada uno. Es una opción bastante frecuente cuando uno de los dos tiene más ahorros previos o vende una vivienda anterior para comprar la nueva. Lo importante es que quede claro desde el principio y reflejado en la escritura.
¿Qué pasa si uno pone más dinero al inicio?
Una situación habitual es que uno aporte más entrada, pero luego la hipoteca se pague a medias. En estos casos hay varias formas de plantearlo:
Ajustar el porcentaje de propiedad
Considerar esa aportación como un préstamo entre la pareja
Compensarlo de otra manera acordada
No hay una única fórmula correcta, pero sí debe hablarse con claridad.
Contar con asesoramiento profesional durante el proceso también ayuda a analizar opciones con perspectiva y a tomar decisiones informadas. Porque cuando el proyecto está claro, encontrar la casa adecuada es mucho más fácil.